Wealth Pulse 2025: La visión completa de cómo los HNWI en México construyen, protegen y disfrutan su riqueza
Christian Hauswaldt
January 7, 2026
Desde muy joven me interesé en entender cómo funciona el dinero. No solo cómo se gana, sino cómo se conserva y, cómo se usa para vivir mejor. Esa curiosidad me acompañó durante años hasta que entendí que lo que realmente necesitábamos no era solo escoger la mejor acción, sino un marco claro para tomar decisiones con intención.
Así nació Invested. Con la idea de ayudar a las personas a entender que su patrimonio es una herramienta para construir, preservar y disfrutar la vida que quieren.
Y de esa misma inquietud nació también Wealth Pulse 2025, el reporte de cómo los individuos de alto patrimonio construyen, preservan y disfrutan su riqueza. Porque lo que no se mide, no se puede cambiar. Wealth Pulse no es un documento lleno de cifras; es una guía que nos ayuda a cuantificar los tres pilares de nuestra tesis:
Construir riqueza de manera eficiente, con acceso global y diversificación real.
Preservar riqueza a través de estructuras claras, planeación sucesoria y estrategias fiscales que protejan lo ya logrado.
Disfrutar la riqueza con intención: transformarla en experiencias, en legado y en bienestar para quienes más importan.
Esta edición especial busca conectar los datos de Wealth Pulse 2025 con las decisiones reales de familias e inversionistas, para mostrar que la riqueza no es un número en una cuenta, sino una arquitectura viva: diseñada para crecer, preservarse y, sobre todo, sostener la vida de quienes están hoy y de quienes vendrán mañana.
La riqueza como arquitectura
Hablar de riqueza no es hablar únicamente de dinero. Es hablar de estructuras que sostienen vidas, familias y legados. Desde el año 2000, la riqueza global ha crecido a un ritmo constante —alrededor de 3.4% anual en términos reales—, pero ese crecimiento no se ha distribuido de manera equitativa entre países: mientras algunas economías se han consolidado como centros de riqueza, otras han mostrado su fragilidad y rezago. En México, el reto es aún mayor: persiste un desconocimiento profundo de los mercados y muchos prefieren mantener el dinero ocioso, a la vista o en tierra, lo que limita su capacidad de generar valor real. Lo que esto nos enseña es que la riqueza no depende solo de acumular capital, sino de saber cómo estructurar y ponerla a trabajar de manera estratégica.
Diseñar esa arquitectura implica reconocer que el patrimonio tiene múltiples capas. No basta con elegir múltiples activos; se requiere diversificación real, estructuras legales y fiscales que protejan, y reglas de uso que transformen el dinero en experiencias y oportunidades. La historia de los grandes patrimonios muestra que quienes trascienden son aquellos que entendieron la importancia de combinar estrategia con intención, números con significado.
En última instancia, la verdadera diferencia no está en quién logra acumular más, sino en quién logra diseñar un patrimonio que combine claridad financiera con propósito vital. Como señala Morgan Housel, la clave no es perseguir un número infinito, sino reconocer qué es “suficiente” para ti. Porque cuando nunca es suficiente, el riesgo crece más rápido que la riqueza. La arquitectura de la riqueza es, en esencia, la capacidad de transformar capital en bienestar, continuidad y propósito.
“Enough is not too little. It’s realizing that the opposite—an insatiable appetite for more—will push you to the point of regret.”
—Morgan Housel, The Psychology of Money
Construir: diversificación y acceso global
Construir patrimonio no es solo acumular activos, es diseñar una base sólida que resista ciclos económicos, crisis financieras y cambios geopolíticos. Reportes globales lo confirman: más de la mitad de la riqueza personal global está concentrada en solo dos países —Estados Unidos y China—. En 2024, mientras la riqueza HNWI global creció 4.6%, en México la historia fue distinta: la población HNWI se redujo 13.5% y su riqueza cayó 7.5%. Las razones fueron claras: poca exposición a renta variable, la apreciación del dólar, la alta concentración en bienes raíces y la poca institucionalización de las empresas familiares, sumado a un desempeño macroeconómico más débil que el de pares regionales.
Para un inversionista mexicano, esa concentración externa es doblemente desafiante: quedarse en lo local implica depender de una economía emergente y volátil; pero depender únicamente de los gigantes implica asumir que esos polos nunca fallarán. El contraste es brutal: mientras Estados Unidos sumaba cerca de mil nuevos millonarios cada día, México perdía una parte importante de su base patrimonial.
La historia demuestra que ninguna clase de activo ni economía está libre de ciclos adversos. Japón, que en los años 80 representaba más del 40% del índice bursátil global, vivió después tres décadas de estancamiento. La burbuja del dot-com en 2000 redujo a la mitad las fortunas en cuestión de meses. Y en el caso del real estate, el problema no es su valor como activo de preservación, sino la expectativa de apreciación y la falta de liquidez: inmoviliza capital que podría aprovechar otras oportunidades. Estos ejemplos confirman que todos los patrimonios, sin importar su tamaño o composición, están expuestos a ciclos adversos. Por ello, la clave no es evitar el riesgo, sino estructurarlo adecuadamente mediante una verdadera diversificación, que equilibre clases de activos, horizontes y geografías, y que incorpore acompañamiento experto para sostener decisiones de largo plazo.
Aquí es donde surge la confusión más común: diversificar no significa tener dinero en distintas instituciones financieras. Puedes tener cuentas en múltiples instituciones financieras, y aun así estar sobreexpuesto al mismo tipo de riesgo. La verdadera diversificación es estratégica: balancear clases de activos que no se mueven al mismo ritmo, abrir horizontes geográficos y definir roles claros para cada parte del portafolio.
Los datos del Wealth Pulse 2025 (Invested) y del World Wealth Report de Capgemini muestran que los grandes patrimonios mantienen una proporción de: efectivo, renta fija, renta variable, real estate y alternativos. En contraste, muchos inversionistas locales sobreponderan un solo activo —real estate, empresa familiar o deuda de corto plazo— y confunden “control” con seguridad.
Construir de verdad significa dar un rol consciente a cada parte del portafolio y no dejar que una sola apuesta defina el destino del patrimonio. Diversificar es asignar con intención, no dispersar por inercia.
En un mundo de ciclos inevitables, diversificar no es opcional: es la única forma de asegurar que el patrimonio siga creciendo.
Preservar: estructuras que aseguren continuidad
Los datos lo confirman. En las próximas dos décadas se transferirán alrededor de +US$84 billones a herederos en todo el mundo. En Wealth Pulse 2025 encontramos que un porcentaje muy alto de ellos cambiaría de institución en los primeros dos años si no encuentra una propuesta de valor alineada a su visión. En México, donde gran parte de la riqueza sigue concentrada en empresas familiares, esta transición será aún más crítica. Es decir: preservar ya no se trata solo de proteger activos, sino de diseñar estructuras que aseguren continuidad, reduzcan fricciones y den confianza tanto a quien vive el patrimonio hoy como a quienes lo recibirán mañana.
Generaciones con visiones distintas: tres estilos de riqueza, tres formas de ver el futuro
En este sentido encontramos que:
Boomers: más enfocados en preservar, con mayor peso en deuda.
Gen X: buscan convertir flujo en patrimonio; dedican casi una cuarta parte de su gasto a educación, reflejando la prioridad en la siguiente generación.
Millennials: más proclives a invertir en acciones y aunque aún con baja participación en alternativos.
Portafolios poco diversificados: se privilegia la preservación sobre la multiplicación
El portafolio financiero típico de los HNWI en México se concentra en 63% deuda, 28% renta variable y 9% efectivo. Prácticamente no hay exposición a alternativos. Esto refleja estabilidad, pero también una oportunidad perdida de aprovechar el crecimiento exponencial que históricamente ofrece la renta variable.
El ladrillo emocional: la casa es el corazón financiero y emocional…pero también el más expuesto
Más de la mitad del valor inmobiliario está en la vivienda principal (51.5%), 8% en propiedades de “descanso o estilo de vida” mientras que los inmuebles productivos representan apenas 24.7%. Lo sorprendente: solo 24% de las propiedades está asegurado. La casa es el activo más querido, pero también el más expuesto.
Estos hallazgos dibujan un perfil claro: los HNWI en México buscan equilibrio entre tradición y modernidad, preservan más de lo que arriesgan y concentran gran parte de su riqueza en bienes raíces y deuda. La lección es clara: el patrimonio no se preserva por inercia, se preserva con estructura. Para el usuario principal, significa orden y tranquilidad en vida; para la siguiente generación, significa continuidad y legado. Lo que no se ordena, tarde o temprano se erosiona.
Wealth Balance: la salud como el interés compuesto de la vida
La conversación sobre riqueza suele girar en torno a balances y portafolios, pero hay un activo que trasciende cualquier cálculo: la salud. Igual que en las finanzas, aquí también opera el interés compuesto. Cada decisión de hoy —alimentación, ejercicio, prevención— multiplica beneficios futuros. Y cada descuido se acumula hasta convertirse en un costo que puede erosionar incluso el mejor patrimonio.
Hablar de salud como parte de la arquitectura de la riqueza no es un lujo, es una necesidad. Un portafolio bien estructurado pierde sentido si no puede sostener la vida y el bienestar de quien lo construyó.
La salud es el único activo que, si se pierde, ningún portafolio puede recuperar.
Vivir, disfrutar y trascender
La riqueza no es el punto final, es el medio para algo mayor. Construir, preservar y disfrutar son pasos que sólo cobran sentido cuando se integran en un mismo diseño.
Wealth Pulse nace para recordarnos que la riqueza es integral: que no basta con acumular, sino que hay que darle propósito. Que no es suficiente preservar, sino que debemos proyectar continuidad. Y que disfrutar no es un acto aislado, sino el destino natural de un patrimonio bien diseñado.
Al final, la verdadera riqueza no está en lo que acumulamos, sino en tener la claridad para vivir la vida en nuestros propios términos, asignar recursos a lo que realmente valoramos y estructurar un patrimonio que trabaje a favor de nuestras decisiones. La riqueza con intención no se mide en el tamaño del portafolio, sino en la capacidad de convertirlo en bienestar y continuidad.
Si quieres profundizar en estas tendencias y ver cómo se reflejan en México, el Reporte Wealth Pulse 2025 es una herramienta diseñada justo para eso. Más que cifras, es un mapa de riesgos, oportunidades y aprendizajes que puede guiar la forma en que construimos, preservamos y disfrutamos el patrimonio.
