Venture Capital: El riesgo es la regla y el futuro la recompensa

Christian Hauswaldt

January 7, 2026

Venture Capital: El riesgo es la regla y el futuro la recompensa

El riesgo que crea fortunas: Un viaje al corazón del Venture Capital

Gestionar el patrimonio es un ejercicio de equilibrio. Por un lado, se busca la preservación y la diversificación; por el otro, se persigue la generación de crecimiento y la participación en las industrias que definirán el futuro. La historia de las grandes fortunas nos enseña que, para crecer, el capital no solo debe ser cuidado, sino que debe atreverse a tomar riesgos. Las familias Vanderbilt y Rockefeller no hicieron sus fortunas invirtiendo en activos tradicionales; lo hicieron financiando los ferrocarriles y el petróleo, las industrias más innovadoras y arriesgadas de su tiempo. En esencia, fueron los primeros en inspeccionar en el Venture Capital tal como lo conocemos.

Hoy, en un entorno económico demandante y un ritmo de innovación sin precedentes, el desafío es mayor. Para los inversionistas en una etapa de creación de capital el verdadero reto es cómo posicionar el patrimonio para que no solo mantenga su valor, sino que también crezca y participe activamente en la creación del futuro. Esto nos lleva a explorar una clase de activo que, por su naturaleza, está diseñada para afrontar ese reto.

La génesis del venture capital

Georges Doriot, el padre del VC moderno

Georges Doriot, un inmigrante francés y profesor de la Harvard Business School, creía que el capital y las buenas ideas debían ir de la mano. En 1946, fundó la American Research & Development Corporation (ARDC), el primer fondo de venture capital estructurado en la historia de Estados Unidos.

Su filosofía era simple: invertir en “personas con ideas arriesgadas” y acompañarlas activamente, no solo con dinero, sino con asesoría estratégica y redes de contacto.

El caso más icónico de su visión fue la inversión de US$70,000 en una pequeña startup llamada Digital Equipment Corporation (DEC) en 1957. La idea era fabricar computadoras más pequeñas y accesibles que las de IBM, algo que muchos consideraban demasiado arriesgado y que nadie más quería financiar. Pero Doriot confió.

Once años después, en el IPO de 1968, esa inversión se había convertido en US$355 millones. Ajustado a 2025, equivale a más de US$3.2 mil millones, una fortuna comparable a la de grandes nombres actuales como Howard Schultz (Starbucks) o Robert Kraft (New England Patriots).

El colapso del dot-com: un fracaso histórico

El boom del dot-com (1995-2000) fue una época de euforia sin precedentes para el venture capital, donde los fondos y las startups se multiplicaron con una rapidez asombrosa. Esto llevó a una explosión en el Nasdaq, el índice bursátil conocido por sus empresas tecnológicas. Sin embargo, este período de crecimiento desmedido también expuso la fragilidad del sector. La falta de disciplina en el financiamiento y la sobrevaloración de las empresas condujeron a un colapso en el año 2000, provocando un desplome del mercado y la quiebra de muchas empresas. Este fracaso histórico sirve como un claro ejemplo de que, aunque el venture capital tiene el potencial de generar retornos masivos, también es un juego de alto riesgo con ciclos de mercado volátiles que pueden evaporar el capital tan rápido como se crea.

Un comparativo: de la visión al colapso

En venture capital es difícil establecer comparaciones directas. No podemos decir que un tipo de inversión sea “mejor” que otra, porque intervienen demasiados factores fuera de nuestro control. Retomando el ejemplo de Georges Doriot con Digital Equipment Corporation (DEC): una inversión que se convirtió en un éxito rotundo y que aún hoy se recuerda como uno de los grandes hitos de la industria.

Pero por cada caso como DEC, existieron muchos otros que no llegaron a despegar. Entre 1946 y 1971, la firma de Doriot, ARDC, realizó más de 150 inversiones, de las cuales la gran mayoría no generó rendimientos sobresalientes.

Esto no quiere decir que Doriot no haya sido un gran inversionista, al contrario, sentó las bases del VC moderno, sino que así funciona esta industria: muchas apuestas, pocas con grandes resultados, y son esas pocas las que terminan marcando toda la diferencia.

La era moderna: lecciones aprendidas

A partir de las lecciones históricas, el ecosistema de VC se profesionalizó y maduró, creando algunos de los mayores motores de la economía actual.

  • Apple: recibió financiamiento temprano de fondos de VC. La empresa, que comenzó con la visión de dos fundadores en un garaje, se convirtió en un gigante tecnológico, demostrando el poder del capital de riesgo para escalar la innovación.

  • Genentech: de manera similar, recibió capital de riesgo en sus etapas iniciales. Su éxito es un ejemplo de cómo el Bayh-Dole Act de 1980 ayudó a que las innovaciones universitarias llegarán al mercado, detonando la industria biotecnológica.

  • Google: la inversión de US$25M en 1999 por parte de Kleiner Perkins y Sequoia Capital es un caso icónico de cómo una ronda de capital semilla puede transformar industrias enteras. Hoy, Google es un pilar de la economía digital.

La ley del poder: la concentración de los retornos

El éxito en el venture capital es la excepción, no la regla. Este mercado se rige por la "ley del poder", un principio que establece que un pequeño número de inversiones extraordinarias genera casi todo el retorno de un fondo.

Este fenómeno es evidente en las estadísticas. De hecho, estudios de S&P Dow Jones Indices (a través de su informe SPIVA) muestran que consistentemente, más del 80% de los fondos de inversión activos en EE.UU. no logran superar el retorno del S&P 500 en un periodo de 5 años.

La inversión de Peter Thiel en Facebook puede ser el ejemplo más icónico de esta ley, con su inversión en Facebook en el 2004 de US $500K y la posterior IPO en 2012, Thiel obtuvo retornos de más de 2,000x su inversión inicial, superando por mucho, los retornos que otras inversiones también le generaron, por lo que es un gran ejemplo de esta ley. Así como con Facebook, a lo largo del tiempo ha desplegado muchas otras inversiones, sin que necesariamente todas sean igual de exitosas.

Esto implica que el venture capital no es un activo para apostar por una sola compañía, sino un juego de cartera donde la diversificación interna es crucial para capturar ese retorno.

¿Cómo funciona el VC como activo en mi cartera?

El venture capital es una clase de activo que permite a inversionistas sofisticados participar en el crecimiento de empresas privadas de alto potencial. Su estructura se define principalmente por:

  • ¿Quién lo utiliza?: Tradicionalmente, son instituciones con visión a largo plazo, como el fondo de inversión de la Universidad de Stanford, institucionales o family offices que buscan diversificar su cartera y generar retornos fuera del mercado público.

  • ¿Cómo se les paga?: Por lo regular, los fondos de VC se compensan a través de varios modelos, quizás uno de los más utilizados es el conocido como “2 y 20”. Esto significa:

    • 2% de administración: Un 2% anual del capital invertido se destina a cubrir los gastos operativos del fondo.

    • 20% de "carried interest": El fondo recibe el 20% de las ganancias generadas, una vez que el capital inicial se ha devuelto a los inversionistas.

  • Ventajas: El venture capital es uno de los motores de la economía moderna. Una evidencia clara de su impacto se vio en una reciente reunión en la Casa Blanca, donde empresas que comenzaron como startups financiadas con capital de riesgo, como Apple y Meta, anunciaron compromisos de inversión de $600 mil millones de dólares en Estados Unidos para los siguientes años. Sumadas, estas inversiones se acercan a un billón de dólares. Para ponerlo en perspectiva, el PIB total de México para 2024 se estima en alrededor de 1.86 billones de dólares, lo que demuestra la magnitud del capital que este tipo de financiamiento puede movilizar.

  • Desventajas: A pesar de su atractivo, es crucial entender que el venture capital no es un vehículo para todos. Presenta muy poca liquidez (el dinero está invertido por 10 años o más) y alto riesgo de pérdida total del capital.

La intencionalidad del capital: por qué el VC es un motor de progreso

Es crucial entender que, si bien el venture capital es un motor de la economía moderna, no es un vehículo para todos. Es una clase de activo de muy alto riesgo que requiere paciencia y una alta tolerancia a la iliquidez.

El venture capital es mucho más que un simple activo financiero; es la oportunidad de participar activamente en la creación del futuro. Invertir con intención en una startup de biotecnología, inteligencia artificial o tecnología financiera no solo busca un retorno, sino que también contribuye a construir la próxima generación de empresas y, con ellas, un nuevo futuro para la economía.

En Latinoamérica, el ecosistema sigue creciendo, no de forma tan acelerada como previo a la pandemia, pero con empresas como Rappi, Kavak y Nubank logrando un impacto masivo y atrayendo capital global y regional, el futuro puede ser prometedor.

Como lo demostró Georges Doriot en el pasado, estos inversionistas no solo aportan capital, sino que ayudan a dar forma al futuro de la región.

El verdadero legado no se mide únicamente en activos, sino en el impacto que generan. Invertir en venture capital es una forma de alinear tu patrimonio con el progreso, de apostar por la próxima gran idea y contribuir al desarrollo de las industrias que definirán el futuro.

Es crucial entender que, si bien el venture capital es uno de los grandes motores de la economía moderna, no es un vehículo para todos. Se trata de una clase de activo de alto riesgo, que exige paciencia, visión de largo plazo y una gran tolerancia a la iliquidez.

Invertir en startups no es una cuestión de azar, sino de disciplina. Como bien resume David Rose en Angel Investing, la clave está en la diversificación (al menos 20 o 25 proyectos), en invertir solo lo que uno está dispuesto a perder y en recordar que, más allá de la idea, lo que realmente importa es el equipo detrás. Un buen emprendedor puede pivotear y sobrevivir; una gran idea con un mal equipo, no.

También hay que entender que el valor del inversionista va más allá del capital: conexiones, mentoría y credibilidad pueden marcar la diferencia entre una empresa que se queda en promesa y una que escala. Y, sobre todo, tener paciencia: el horizonte real para un exit suele ser de más de 10 años.

Al final, el venture capital es un ejercicio de convicción a largo plazo, donde se alinean capital, talento y tiempo para construir futuro.

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