Mas allá de la herencia: Pasos prácticos para dar dirección a tu patrimonio
Christian Hauswaldt
January 7, 2026
El costo de no planear
A nivel global, la falta de planeación sucesoria sigue siendo uno de los mayores riesgos para las familias empresarias. No se trata únicamente de dinero: cuando no hay una estrategia clara, la transmisión de riqueza suele traducirse en disputas, rupturas familiares y pérdida de activos que tardaron décadas en construirse.
La historia nos muestra que este no es un problema nuevo. Durante generaciones, fortunas enteras se han creado con esfuerzo, visión y talento, sólo para desvanecerse en cuestión de años por la ausencia de reglas, estructuras y educación financiera entre los herederos.
Hoy, con la mayor transferencia de riqueza de la historia en marcha, la urgencia de planear nunca ha sido tan alta.
Historias que enseñan
Los Vanderbilt: del esplendor a la desaparición
Cornelius “Commodore” Vanderbilt murió en 1877 con más de US$100 millones, equivalente a US$353 mil millones actuales si se mide como proporción del PIB estadounidense. Para ponerlo en perspectiva, su fortuna representaba 1.21% del PIB total de EE.UU. en 1877, un peso similar al que hoy tienen Jeff Bezos o Elon Musk.
En menos de tres generaciones, esa riqueza desapareció casi por completo. Los herederos dilapidaron el patrimonio en mansiones, ostentación y gastos excesivos. La falta de estructuras legales, protocolos familiares o visión de largo plazo convirtió lo que alguna vez fue una de las mayores fortunas del mundo en un recuerdo histórico. Gloria Vanderbilt, última descendiente célebre de la dinastía, murió en 2019 dejando apenas US$1.5 millones.
Los Rockefeller: pioneros de la continuidad
En contraste, John D. Rockefeller, fundador de Standard Oil, entendió pronto la importancia de planear. En 1882 creó una estructura considerada como uno de los primeros family offices modernos, centralizando inversiones, administración y gobierno familiar.
Esa oficina evolucionó en múltiples instituciones —The Rockefeller Trust Companies (1985), Rockefeller Philanthropy Advisors (2002) y Rockefeller Capital Management (2018)— que mantienen cohesionada a una familia con más de 200 descendientes. Hoy, los Rockefeller siguen controlando un patrimonio estimado en US$10.4 mil millones, además de haber institucionalizado la filantropía como pilar de su legado.
Comparativo
Vanderbilt: riqueza sin planeación = dilución en tres generaciones.
Rockefeller: riqueza con estructuras = continuidad por más de un siglo.
Ejemplos modernos de éxito
Walton (Walmart): patrimonio de US$432.4 mil millones al cierre de 2024, gestionado a través de Walton Enterprises LLC, family office fundado en 1953. Tres herederos (Jim, Rob y Alice) superan cada uno los US$100 mil millones.
Mars (Mars Inc.): con marcas como Snickers, Twix y Pedigree, la familia mantiene una fortuna de US$89.7 mil millones, administrada de forma conjunta por seis descendientes incluidos en la lista Forbes 400.
Ford: mediante acciones Clase B, la familia conserva cerca del 40% del poder de voto en la compañía, aunque posee menos del 2% del capital económico, asegurando influencia y continuidad.
El problema hoy: riqueza en riesgo
El desafío no es menor. De acuerdo con The Williams Group, el 70% de la riqueza se pierde en la segunda generación y el 90% en la tercera. La causa principal no es financiera, sino humana: falta de comunicación, de visión compartida y de estructuras familiares que eviten conflictos.
Además, nos encontramos en medio de la mayor transferencia de riqueza de la historia. Se estima que en las próximas dos décadas, los baby boomers cederán a sus herederos decenas de trillones de dólares en activos. En México y América Latina, donde más del 80% de las empresas son familiares y pocas cuentan con protocolos formales, el riesgo de pérdida patrimonial es aún mayor.
Guía práctica: qué hacer hoy
Planear la sucesión no tiene que ser complejo, pero sí requiere disciplina y asesoría adecuada. Para una persona con un patrimonio consolidado (empresa, propiedades y activos líquidos), los pasos mínimos son:
Diagnóstico integral: conocer con exactitud el tamaño del patrimonio, pasivos y flujos.
¿Tengo claro el valor total de mi patrimonio considerando empresa, propiedades y activos líquidos?
¿Estoy tomando en cuenta deudas o compromisos financieros relevantes dentro de ese cálculo?
¿Qué porcentaje de mis ingresos proviene hoy de la empresa familiar y cuánto de inversiones externas?
Planeación fiscal y sucesoria: anticipar estructuras que minimicen impuestos y eviten bloqueos legales.
¿He evaluado el impacto fiscal que tendría la transmisión de mi patrimonio en caso de fallecimiento?
¿Cuento con asesoría fiscal especializada que me ayude a estructurar la sucesión de forma eficiente?
¿He considerado mecanismos para minimizar impuestos de herencia o sucesión en las jurisdicciones que me aplican?
Wealth Insight:
En México, las herencias están exentas de ISR, pero cuando se heredan inmuebles pueden generarse cargas locales como el ISAI (3–5 %) además de gastos notariales y de registro. Aunque no existe un impuesto federal a la herencia, se han propuesto iniciativas para gravar patrimonios altos, por lo que este es un tema que debe revisarse periódicamente. Además, hoy muchas familias manejan múltiples nacionalidades y residencias fiscales. Esto, lejos de ser siempre una ventaja, puede complicar la sucesión, ya que distintos países aplican impuestos y reglas diferentes sobre herencias. Definir con claridad el país de residencia fiscal y la estrategia de transmisión patrimonial es clave para evitar bloqueos legales y costos innecesarios.
Fideicomisos o trusts: establecer reglas claras para uso, protección y transmisión de activos.
¿Tengo contemplado establecer un fideicomiso o trust para proteger y ordenar la transmisión de mis activos?
¿Qué reglas quiero dejar definidas respecto al uso de ciertos activos (empresa, inmuebles, inversiones)?
¿A quién considero el fiduciario o administrador ideal de este instrumento?
Gobierno familiar: definir un consejo familiar, protocolos de toma de decisión y mecanismos de resolución de conflictos.
¿Existe actualmente un protocolo familiar o consejo que regule la toma de decisiones en mi familia?
¿He definido con claridad quién participa y quién no en la gestión de la empresa familiar?
¿Tengo mecanismos formales para resolver conflictos entre familiares si llegan a surgir?
¿He definido reglas claras dentro de mi familia sobre quién puede participar en la empresa, bajo qué condiciones (formación, experiencia, MBA, etc.), cómo se resuelven los conflictos personales (divorcios, parejas, estilos de vida distintos) y qué mecanismos existen (como un consejo o board familiar) para evaluar nuevos proyectos o negocios?
Preparación de herederos: educación financiera y claridad sobre roles, para evitar choques de expectativas.
¿Mis herederos han recibido educación financiera o capacitación sobre manejo patrimonial?
¿Mis hijos/familiares tienen claridad sobre los roles que jugarán en la empresa o en el patrimonio familiar?
¿He conversado abiertamente con ellos sobre la sucesión y la visión de largo plazo?
Diversificación y liquidez: asegurar que el patrimonio no dependa exclusivamente del negocio familiar, y que exista liquidez para cubrir impuestos o emergencias.
¿Qué porcentaje de mi patrimonio está concentrado en la empresa familiar?
¿Cuento con inversiones líquidas suficientes para cubrir impuestos o contingencias sin afectar el negocio?
¿He desarrollado estrategias de diversificación fuera del negocio principal?
Documentación legal: testamentos, poderes y acuerdos entre socios para evitar vacíos jurídicos.
¿Tengo un testamento actualizado?
¿Existen acuerdos entre socios (buy-sell agreements) que definan qué sucedería en caso de mi fallecimiento o salida?
¿Dispongo de poderes notariales vigentes para la gestión de mis activos en caso de incapacidad temporal o permanente?
Este checklist puede ser el punto de partida para cualquier persona, independientemente del tamaño de su patrimonio.
El legado con intención
Construir un patrimonio es un logro enorme, pero conservarlo y transmitirlo exige algo más que estructuras legales o instrumentos financieros: exige conciencia. Conciencia de que las decisiones que tomemos hoy no solo afectan números en una cuenta, sino la vida, la unión y las oportunidades de quienes vienen detrás.
Planear con conciencia implica detenerse a reflexionar: ¿qué quiero que signifique mi patrimonio para mi familia? ¿Qué valores, qué reglas y qué visión quiero que lo acompañen? No se trata únicamente de evitar conflictos o pagar menos impuestos, sino de diseñar un legado que preserve tanto el capital como la armonía familiar.
En última instancia, la verdadera diferencia entre quienes trascienden y quienes se diluyen no está solo en la magnitud de su fortuna, sino en la claridad y la conciencia con la que deciden protegerla.
